Historia de los Torontos Savoy

Esta es la historia de los

TORONTOS SAVOY

Historia de los Torontos Savoy
Una de las golosinas de chocolate, más famosas de Venezuela, es el famoso TORONTO DE SAVOY, un bombón de chocolate con centro de avellanas, que a cualquiera le hace agua la boca. Su historia empezó con el viaje de su creador, Ernst Weitz, un inmigrante de Polonia que llegó a Venezuela con apenas 19 años de edad para crear esta maravilla.

El joven Ernst Weitz aprendió las artes de la confitería industrial en Viena, Austria, y llegó al estado Zulia por un contrato de trabajo, y meses más tarde se mudó a Caracas, ya que sus anteriores patrones en Viena se vinieron también a Venezuela para abrir en nuestro país una pastelería llamada La Vienesa ubicada en Sabana Grande.

Ernst Weitz no era muy experto en el negocio, porque su especialidad eran los procesos industriales de confitería y no las cuentas ni los números, pero por ser buen empleado, en pocos meses pasó a formar parte del equipo inicial de la gran industria de la confitería venezolana que conocemos como SAVOY.

En 1941, los hermanos austríacos de apellido Beer se asocian a John Miller, que trajo de Escocia la maquinaria necesaria para la elaboración de bombones de chocolate y registraron la empresa Savoy Candy Compañía Anónima. El primer lanzamiento de la compañía fue el Chocolate Savoy.
En el año 1949, Savoy incluye en sus productos el famoso Toronto y además las bolitas de miniatura llamadas Ping Pong, creadas con la colaboración de Ernst Weitz. El Ping Pong fue uno de los primeros éxitos de la compañía, y lo vendían en latas que pesaban dos kilos y medio, pero el señor Ernst se dio cuenta de que los productos americanos se vendían en bolsas pequeñas y tenían una gran demanda, por lo que decidió ayudar a mejorar los empaques de dichas chucherías.

Los TORONTOS entonces fueron vendidos también de manera individual, pero para no derretirse en las manos de los clientes o en los envases de vidrio, decidieron protegerlo con papel de aluminio, simulando la envoltura que tenían los caramelos comunes, y de esta manera mantenerlo protegido, para venderlo con más higiene y además para que consumirlo fuese tan fácil como girar, por un lado, con los dedos y sacar el bombón para disfrutarlo.

Desde ese año, el TORONTO pasó a ser uno de esos bombones que cualquier persona podría adquirir sin comprar una caja entera, y se convirtió en parte del patrimonio dulce de Venezuela, sin que nadie haya podido reemplazarlo con otro producto semejante.





Torontos Savoy

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